Gobernar y comunicar, si no su partido perderá la próxima elección.

Recordemos o veamos los estudios recientes en materia de campañas electorales donde intervienen tres factores fundamentales: el posicionamiento del partido, el posicionamiento del candidato y el grado de popularidad del partido como gobierno.

En cuanto a éste último, es importante determinar que un gobierno impopular, mal evaluado y sobre todo con una percepción ciudadana de deshonesto, es desastroso para los candidatos de su partido, sólo recuerde algunos casos de elecciones estatales del año pasado.

Por otro lado, cuando el partido en el gobierno hace las cosas bien y el electorado y la sociedad están satisfechos de manera plena, es relativamente fácil ganar las siguientes elecciones.

De todas formas, a pesar de tener un escenario favorable a los candidatos de su partidoo, es necesario realizar las acciones que nos lleven a mantener --en este caso-- el buen posicionamiento del partido, del gobierno y del candidato.

Hay que recordar que las herramientas por sí solas, no nos resuelven la vida; el emplear a un buen operario de estas, es el menester principal que nos llevará al logro buscado.

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Las encuestas, herramientas estratégicas para ganar

La posibilidad de proyectar a un partido y a un candidato a través de los medios de mayor penetración en la actualidad, como son la televisión y la radio, debido a la reforma electoral del 2007 quedó fuera del escenario; ante esto tenemos que impulsar a los candidatos a través del mercadeo por microregiones, en donde nuevamente las encuestas, verdaderos y profundos estudios profesionales recuperan terreno.

De la misma manera, la difusión de los candidatos, sus propuestas y del partido mismo, tendrá que hacerse de esta forma atomizada, por microregiones a través de los medios locales de comunicación escrita que se sumará a la publicidad focalizada o sectorizada.

Ahora bien, el debate sobre la efectividad o no de las encuestas, si ayudan o no, o si estas encuestas me hacen ganar; por simple lógica queda fuera de toda discusión.

Las encuestas son verdaderamente como las radiografías para los médicos. Sin estas un buen coordinador de campaña nunca podría, llevar la campaña eficientemente, al igual que un médico requiere de las radiografías para realizar una cirugía.

El punto, es levantar sin sesgos las encuestas y tener los conocimientos y la experiencia necesaria para interpretarlas y saber aplicarlas correctamente.


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El entrenamiento de candidatos

Nadie nace sabiendo, venimos a este mundo con ciertas habilidades, pero eso no garantiza que por sí mismos, podremos "comernos al mundo".

Así también los candidatos y los funcionarios electos, deben tener un entrenamiento para enflatar los retos y escenarios que se le presentarán. Si no está preparado el funcionario o el candidato para enfrentar a los medios de comunicación, el entrenamiento es fundamental, más ahora ante el nuevo escenario electoral.

Debido a la reforma electoral del 2007, los tiempos de exposición en los medios masivos de comunicación se acotaron y redujeron dramáticamente, de tal suerte que si un candidato tenía la posibilidad de conquistar a su auditorio con cien spots o diez entrevistas, ahora los tendrá que hacer con un impacto, o tan sólo una entrevista.

Es decir, el reto ahora, es convencer al mismo número de votantes en una entrevista lo que antes se lograba con aproximadamente diez.

Mientras por un lado se debe buscar la manera de lograr el mayor número de exposiciones con spots o entrevistas, el candidato o el funcionario deben someterse a un entrenamiento que les permita aprovechar el tiempo, los recursos y la comunicación en general para proyectarse y convencer a sus oyentes.

Así como nadie nace sabiendo, así mismo el entrenamiento hace al maestro.


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Entre "chapulines" y "camaleones"

Por Humberto Mota

Parafraseando a Aristóteles, el gran pensador griego de la antigüedad que definió a la política como la "búsqueda del bien común" y "el arte de lo posible", algunos han señalado que la política es "el arte de hacer posible lo imposible".

Como parodia a estas frases, otros han definido a la burocracia como "el arte de hacer imposible lo posible" y hasta han calificado a México como "el país donde todo lo imposible puede ser posible", es decir, "donde todo puede suceder".

Hago estas referencias porque en las últimas semanas se ha desatado un escándalo mediático a nivel nacional en torno a los que se les ha dado en llamar "políticos chapulines". ¿Quiénes? Aquellos que antes de terminar una gestión pública buscan acomodarse en otro puesto para seguir manteniéndose y sirviéndose del poder.

Tan sólo en Jalisco, todavía la semana pasada, de los 40 diputados con que cuenta el Congreso del Estado, 26 estaban buscando un nuevo cargo de elección popular, pero sólo seis habían solicitado licencia para separarse de sus puestos y dedicarse a sus campañas electorales. Esto significa que los 20 restantes seguían cobrando su sueldo mensual, superior a los 107 mil pesos.

Este asunto motivó a la agrupación civil Red Ciudadana a hacer un llamado a los diputados para recordarles que pedir licencia "es una cuestión ética y que son los que deberían poner el ejemplo"

Casos como éste, aunque incomoden, irriten y avergüencen más a los ciudadanos que a los políticos, no son para asombrarse. Y no es que hayamos perdido ya esa capacidad, sino que históricamente han sido cosan comunes y cotidianas en la vida política de nuestro país. Lo que pasa es que en los últimos años, gracias a las leyes e instrumentos de transparencia, nos podemos enterar más de ellos.

Porque como México no hay dos, ni como nuestros políticos. Aquí, quienes participan en política son "expertos en todo", "especialistas para lo que venga" y "milusos". Por ello, casi cualquier representante popular gana mucho más que sus similares de los países desarrollados. Lo malo es que se pagan con nuestro dinero.

Para ellos, lo importante es estar cerca del gobernante, del candidato; ser parientes, amigos o aliados, "porque vivir fuera del presupuesto es vivir en el error".

Muchos de nuestros actuales "políticos chapulines", sea del partido que fuere, son émulos de los "políticos trapecistas" de antaño, cuando los gobiernos del PRI vivían su esplendor. Pedro Ojeda Paullada, el viejo político priísta que tiene el récord de acumular 40 años en cargos públicos y políticos, puede ser su mejor modelo.

Desde tiempos del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964), Ojeda Paullada fue titular lo mismo de la PGR que de la Secretaría del Trabajo, y más tarde de la de Pesca; fue coordinador general de la Comisión Nacional de Alimentación, diputado y también se dio tiempo para ser presidente nacional del PRI, entre otros muchos puestos.

Pero quizás más inmorales que los "políticos chapulines" (aunque en cuestión de moralidad no hay grados, se es o no) son los "políticos camaleones", aquellos que cambian de partido según sus intereses y conveniencias. Se parecen a los "chapulines", porque brincan de un partido a otro en busca del "hueso" perdido, pero cambian de color ideológico sin el más mínimo de decoro y mucho menos lealtad hacia sus convicciones.

Sin duda, el caso de Porfirio Muñoz Ledo es el más representativo de éstos. Como político inició su carrera en el PRI, del cual fue presidente nacional. Molesto por no ser candidato presidencial deja el tricolor y es cofundador del PRD en 1989, al que también llega a presidir. Diez años después se distancia también del PRD y funda el movimiento ciudadano "Opción Nueva República" que, junto con el extinto PARM (Partido Auténtico de la Revolución Mexicana), lo postula para la Presidencia de la República.

En el 2000, ante el avance incontenible de Vicente Fox, Muñoz Ledo renuncia a su candidatura y su une al PAN. Tras el triunfo de Fox es nombrado embajador de México ante la Unión Europea y, después de esta gestión y enemistarse con los panistas, regresa al PRD en el 2005. Vaya historia.

Pero una historia parecida la tiene también Andrés Manuel López Obrador (PRI, PRD y ahora PT y Convergencia) y aquí en Jalisco igualmente tenemos a sus imitadores. Por mencionar sólo algunos: Salvador Cosío Gaona (PRI, PRD y hoy PT y Convergencia), Enrique Ibarra Pedroza (PRI y PRD) y Manuel Villagómez Rodríguez (PRI, PRD y ahora PVEM). Bueno, ¡hasta el mismo panista Fernando Garza Martínez quería regresar a la alcaldía de Guadalajara, pero como candidato del PRD, y el expriísta Gamaliel Ramírez Andrade hace lo propio, con sus tropezones, pero por el PVEM!

Para vergüenzas no ganamos. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar esta situación? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que estos políticos de medio pelo, es decir, mediocres, nos sigan viendo la cara? Hasta que queramos.

Hoy, a unas semanas de las elecciones intermedias, es el momento oportuno para que los ciudadanos tomemos importantes decisiones. Para empezar, eliminemos de nuestras preferencias a estos políticos enceguecidos por el poder.


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¿Imagen o propuestas?

Por Humberto Mota

A Vicente Fox le pasó lo que a Bill Mckay (Robert Redford) al final de la película El Candidato (1972, Estados Unidos): después de ganar las elecciones ya no supo qué hacer. Afortunadamente en la cinta hollywoodense la trama llegó hasta ahí, pero nosotros en México tuvimos que padecer -y estamos pagando- el fracaso de la gestión de Fox.

Esta analogía ilustra perfectamente los riesgos que vivimos en una incipiente democracia, ahora manipulada por los partidos políticos. Éstos se reparten el dinero del pueblo a manos llenas y tratan de imponer a sus candidatos a toda costa, contando con el auxilio de la maquinaria que les proporciona la mercadotecnia política.

Pero la mercadotecnia política no es el problema, es sólo un medio, un instrumento. Como señalan Rafael Reyes y Lourdes Munch, esta disciplina, entre otras cosas, "eleva la competitividad" en los sistemas políticos, con candidatos mejor preparados para los puestos públicos. Además, "propicia el conocimiento de la población y de sus necesidades más urgentes", para enfocar las campañas y programas de trabajo hacia la satisfacción de éstas.

El problema es que entre muchos mercadólogos prevalece la tendencia en resaltar las características personales de los candidatos sobre la sustancia de sus propuestas electorales. Invierten gran cantidad de dinero para crear una imagen que muchas veces no coincide con la realidad o no responde a las necesidades sociales de su entorno.

Esta tendencia tiene su origen en los modelos de persuasión conductista y totalitaria (publicidad y propaganda) surgidos en el siglo pasado, que enfatizan el predomino de la imagen sobre la explicación, de lo sensible sobre lo racional. Todo ello con un fin: la manipulación.

Así, en las campañas electorales se nos presentan candidatos a cargos públicos como si nos estuvieran presentando productos. Candidatos prefabricados, de "caras bonitas" y falsas virtudes.

Tal como en la mercadotecnia comercial, donde la presentación de un producto es fundamental para el consumidor, suponen que la presentación de un candidato lo será también para el elector. De ahí que traten de crear en los candidatos una imagen positiva, empática y carismática que los lleve a ganar el mayor apoyo de los ciudadanos y obtener el triunfo en las urnas.

No habría ningún inconveniente si esa imagen buscada correspondiera en su mayor parte a la imagen real de un candidato (física, piscológica y moral). Un perfil profesional para cualquier puesto es algo ideal, un modelo a seguir cuyas características jamás se cubren en su totalidad. Sin embargo, siempre se espera que el candidato cumpla la mayor parte de ellas.

Lo inmoral del asunto es que se quiera engañar al elector, que se le quiera manipular presentándole a un candidato con cualidades inexistentes. Por ello, como señala Francisco Javier Llera, "esta tendencia en las estrategias de propaganda política, más que contribuir a crear sociedades democráticas maduras y más avanzadas, ha arraigado la ignorancia electoral, el morbo y el fanatismo entre el electorado".

Ahora que estamos de nuevo en tiempos electorales, los ciudadanos esperamos de los partidos nos presenten candidatos con cualidades y atributos reales, que correspondan a los perfiles que, se supone, tienen establecidos. A lo mejor es mucho desear que sean "líderes", pero sí que tengan el deseo de perfeccionarse constantemente.

Candidatos con el cabal conocimiento del entorno donde quieren gobernar, de la administración pública y del marco jurídico que la rodea; con iniciativa, visión de futuro, optimismo, espíritu de logro, sencillez y humildad, pasión y don de mando, entre otras cualidades.

Candidatos innovadores, con valores morales y que tengan interés por la gente y se acerquen a ella. Candidatos confiables, competentes y con gran capacidad de respuesta para las necesidades apremiantes que afectan a la ciudadanía.

Nuestro país necesita ahora de gobernantes que cumplan con lo que prometen y privilegien la calidad en el servicio y la transparencia en el rendimiento de cuentas. Una cultura que implica un cambio de actitud y mentalidad para instaurar valores perdurables y un compromiso con la sociedad.


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Se vale soñar

Por Humberto Mota

Tiene mucho de cierto aquel refrán que dice que "Cada pueblo tiene el gobierno que se merece"; pero también lo tiene el que afirma que "Agosto y septiembre no duran siempre", o el extremoso que señala que "No hay mal que dure cien años". ¿Para qué esperar tanto?

Estos dichos y refranes vienen a cuento porque de nuevo estamos en tiempo de elecciones, las intermedias de este año. Otra vez los ciudadanos tendremos la oportunidad y responsabilidad de elegir a nuestros gobernantes.

De nada valen el abstencionismo y el "voto nulo". Decía Arnold Toynbee que "El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan". Así que es mejor ejercer nuestro derecho ciudadano y esperar que se respete nuestro voto.

En política las cosas en México han cambiado. Todavía hace 20 años las campañas electorales eran una farsa y la mercadotecnia política una ilusión. De nada servían las encuestas, porque en nuestro país regía lo que Mario Vargas Llosa calificó como la "dictadura perfecta" del PRI, que asombraba incluso hasta a los mismos soviéticos.

Pero la situación cambió a partir de los 90,s. Increíblemente para aquellos tiempos, el PRI empezó a perder alcaldías, luego gubernaturas (Jalisco en 1994) y finalmente la Presidencia de la República en el 2000. Sea lo que fuere (el anquilosamiento del viejo sistema o los vientos de democracia que soplaban a nivel mundial), la verdad es que en México comenzó el despertar ciudadano, tanto entre el pueblo como entre los políticos.

Es cierto que todavía estamos en los albores de ese despertar, y que de un "presidencialismo impositivo" desgraciadamente hemos pasado a una "partidocracia". Los partidos políticos sólo velan por sus intereses, no por el bien común, y muchos políticos por mantener el "hueso"; cuando no lo logran saltan como chapulines hacia otro partido, sin el menor asomo de dignidad o de supuestas convicciones.

También es cierto que en cada elección nos enfrentamos ante un panorama desolador, un campo yermo. En todos los partidos políticos hay una aguda escasez de líderes. Los casos de Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador, en quienes muchos esperaban liderazgos avasalladores, terminaron el primero en la vergüenza y el ridículo, y el segundo en la paranoia mesiánica.

Tenemos políticos, no líderes. Como decía James Freeman Clarke: "Un político piensa en las próximas elecciones; un estadista en las próximas generaciones".

En particular, en Jalisco, ésta permanente falta de líderes ha obligado de nuevo a los partidos a reciclar a sus candidatos para las elecciones de este 2009. Prácticamente no hay caras nuevas en el PRI y el PAN, sus candidatos son casi los mismos, buscan intercambiar puestos y hasta repetir en algunas alcaldías. El PRD, por su parte, vive sumido en sus propias contradicciones.

Sin embargo, pese a esta situación, la realidad es que ahora vivimos en un país de leyes e instituciones, y que desde el 2000, en elecciones generales o intermedias, los ciudadanos cada vez hemos hecho valer más nuestra voz, sea a través del "voto positivo" o el "voto de castigo". Pero nos falta interesarnos más por la política y por los políticos, estar al tanto de lo que hacen y exigir el cumplimiento de sus promesas.

Pero para exigir hay que estar informados, cumplir con nuestras obligaciones y ejercer nuestros derechos ciudadanos. Hay que conocer a los partidos, su filosofía, su historia, sus gestiones en el poder y sus plataformas políticas; conocer a sus candidatos, no sólo en lo físico sino también en lo psicológico y moral. Conocer sus propuestas de campaña, para entonces valorarlas y decidir nuestro voto.

Si tenemos los gobernantes que merecemos, entonces hay que ser más responsables, más exigentes; sólo así podremos tener mejores gobernantes.

No es "pecado" anhelar para México gobiernos de alta calidad, con servidores públicos entregados al cabal cumplimiento de sus responsabilidades. Gobiernos competentes, orientados hacia la sociedad, con cero tolerancia a la corrupción y una total transparencia en el rendimiento de cuentas. Países como Suecia, Dinamarca y Noruega los tienen, ¿por qué nosotros no?

Se vale soñar.


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